Una lectura clásica en entornos de izquierda política. Recuerdo leerlo recomendado por un sindicalista de pies a cabeza. Debatíamos sobre si los sindicatos aún podían tener ese papel de antaño en la política.
Esta lectura es corta y fácil de entender a grandes rasgos, eso sí, para disfrutar de dónde está la verdadera carne creo que va muy bien ir con un bagaje del temario.
Glosario de términos:
- Hegemonía: Ella coge la definición de Gramsci donde nos habla de que la dominación no tiene por qué ser a la fuerza, puede ser consentida. La clase dominante ha creado una cultura y éticas que la clase dominada acepta y defiende.
- Populismo: es la construcción de las identidades del pueblo a través del antagonismo. Es una dinámica política en la que se enfrentan un nosotros y un ellos. Normalmente nosotros seremos los marginados y pobres mientras los otros nos roban. Ambas corrientes económicas pueden usarlo, pero se distinguen en el otro. Para la izquierda el otro será el rico mientras que para la derecha será una minoría.
Personalmente, considero una pena que todo sea tan americanocéntrico en este breve ensayo. Nos hace un repaso por casi toda la historia contemporánea de los EE.UU. como si eso representara a todo el bloque occidental. Es comprensible debido a su nacionalidad que haya usado su ejemplo más cercano, también por la propia brevedad del documento tampoco ameritaba poner ejemplos internacionales. Aún así lo considero una pena.
El planteamiento teórico central se basa en la separación, distribución y riqueza, crea dos poderes que se pueden otorgar y quitar en la sociedad. Esta distinción nos ayuda a resolver ciertos enigmas en la transversalidad de la política: hombres pobres que no entienden que tienen reconocimiento de nacimiento solo por nacer hombres mientras que una mujer en su situación no tendría ni una cosa ni la otra.
Como observamos en la política, tanto izquierda como derecha tienen la misma política distributiva, sólo leves cambios en el papel, pero a la hora de la acción ambos bandos defienden el status quo. No hay redistribución de la riqueza y las dinámicas financieras solo acrecientan el abismo entre clases sociales, como demuestran los estudios.
Por lo que, a la hora de hacer política, su principal distinción viene de a quién reconocemos, qué existencias merecen ser oídas y qué luchas son merecedoras del apoyo del gobierno en redes sociales. Así la derecha hace política para el pueblo profundo, personas con creencias y valores basados en la tradición más tribal, mientras que la izquierda apoya causas de los oprimidos de base.
Hasta hace no mucho parecía que este neoliberalismo progresista era el dominante en el bloque occidental, casi que no ser progresista se veía cosa de países excomunistas. En este progresismo encontrábamos que parecía que toda discriminación había llegado a su fin: ahora hasta los negros podían ser ricos.A través de la emancipación pasamos de maricas pobres a maricas pobres que pueden ser multimillonarias (pero ojo, no vayas a causar demasiado ruido a menos que seas artista). En este sistema tu jefe puede ser una mujer y tú no tienes derecho a sindicalizarte. Nos encontramos que, a costa de unas marginadas con los bolsillos llenos, el resto de precarias seguían igual y, encima, silenciadas ya que ya no hay discriminación. Para solventar esta problemática del tú marica mala, tu femiloca y ella mujer exitosa empresaria inventaron: la meritocracia. La sociedad elegía ahora que marginadas merecían ser oídas y cuáles diagnosticadas.
Cabe resaltar, como hace Nancy, a Obama. Iba a primaria cuando este señor ganó las elecciones. Aún así recuerdo cómo la televisión, mi madre y sus amigas progresistas parecían tan contentas de por fin ver a un hombre negro presidente. Pasaron los años y tuve acceso a internet donde descubrí que el señor inició más guerras contra negros que otros presidentes blancos. Al final, ningún cambio fue sustancial ni sistemático
Pero, como ya sabemos, el ciclo del capitalismo es autofágico y zombie. Tratando de sobrevivir aparecen las nuevas oleadas lideradas por un anaranjado presidente y su séquito en coches eléctricos. En el flanco izquierdo aparecía un viejito que parecía salido de Up: Sanders. Ambos entraron en 2016 cuestionando la distribución económica americana y con mucho populismo. Ambos decían que había unos otros que amañaron la economía, para unos la OMS, los judíos, los libros clásicos y los chiringuitos, para otros los bancos, las aseguradoras, los políticos corruptos.
Al final, la batalla la ganó Trump, a ojos del resto del mundo creo que fue como una señal de la radio del fin del mundo rusa. Acababa de meterme en política cuando este señor toma el poder. Recuerdo el Twitter y el Facebook burlándose de lo tontos que eran allí los americanos, cómo iban a votar a ese señor. Hoy en día mucha de esa gente sería capaz de votar a Vox. ¿Cómo puede ser? Por desilusión. La ilusión es la mejor herramienta política, pero también si la destruyes has destruido tu propio futuro. En América votaron a Trump por desilusión con Obama, como dice la autora, muchos exvotantes de Obama votaron a Trump porque la gente no vota por conocimiento político, vota por ilusión. Trump prometía cambios sustanciales en el modelo financiero, aunque después no cumpliera. De la misma forma, en España ha habido cierta desilusión con los partidos de extrema izquierda tras Podemos. Esta última candidatura se arriesga más en torno a la redistribución de la riqueza, pero encontramos una población muy desencantada con la política.
Para Nancy, el problema del populismo de derechas es que juega con el desreconocimiento a las personas marginales. A día de hoy la violencia es sistémica, institucional más que física o de rechazo como tal. Considero que Nancy peca mucho de intentar justificarlo todo como institucional, realmente la gente sí actúa con violencia y rechazo social. La gente de la masa no vota a Trump o a Vox sólo por desilusión sino porque ese discurso conservador en lo social les gusta. Casi que junta izquierda con progresismo obviando la cantidad de revoluciones y gobiernos con formas de distribución socialistas y comunistas donde no eran progresistas. Entiendo que a la fan de Gramsci no le acabará la URSS o Cuba, pero son ejemplos donde por mucha redistribución de la riqueza el reconocimiento no se ha dado.
Como LEINNERS y entidades económicas y sociales tenemos el deber de posicionarnos en contra o a favor de la hegemonía actual. Podemos aceptar el progresismo neoiberal y aplicar muchas políticas de igualdad y visibilidad, pero seguir con un sistema de meritocracia y capitalismo, podemos ser simplemente de derechas negando la necesidad de estas políticas de igualdad y sólo enfocándonos en el capital o podemos reinventar la contrahegemonía.
Personalmente, me encantaría crear proyectos que fueran contrahegemónicos de pies a cabeza. En Barcelona acaba de abrir la primera biblioteca de las cosas donde tú vas y coges prestado un destornillador o lo que te haga falta. Cómo me encantaría encontrar la manera de hacerlo viable y replicarlo en Valencia Aún así entiendo que a nivel económico aún no tenemos la capacidad de poder llevar esto a cabo sin mecenazgo o subvenciones.
Al final Nancy se olvida de una cosa, como diría Mark Fisher: “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”

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