Abstract
El presente ensayo nos propone redefinir el concepto de promesa y llevarlo hasta sus límites en cuanto a su importancia social y política.

La autora está realmente informada de diferentes teóricos sobre la promesa y realmente llega a unas conclusiones que, sinceramente, no dejan indiferente a aquel que le gusta ver más allá del significado del diccionario.

A priori, puede parecernos de poca utilidad en el contexto Leinner pero, tal como veréis en la conclusión del presente escrito, es parte del concepto changemaker y de cómo se estructura una empresa de impacto


¿Qué es prometer?
Que te prometan es dar poder al otro para la traición. Prometer es vincularse al otro.
No siempre elegimos las promesas que hacemos o que nos hacen; a veces, nacemos con promesas preestablecidas por la familia y la sociedad.

La fuerza de la promesa no recae en que sea cumplida. Recae en qué es una unión, un vínculo para con otro u otros que nos enlaza hasta su fin. Y la sociedad, al verse desposeída del poder de prometer, acaba por perder su capacidad de cocrear un futuro. Es decir, la sociedad tiene promesas preimpuestas al nacimiento de los individuos, de forma que nacen con un futuro ya creado para ellos.

Capaz por ser un vínculo que supera al tiempo, que nos une en pro de una confianza mutua es por lo que parece un trato de siglos pasados. Su desuso podría deberse a la sociedad líquida donde no somos capaces de vincularnos con nada.
La promesa obliga a ambas partes. A una a cumplirla y al otro a guardarla. Por ello hay promesas heredadas por sistemas y familias que nos esclavizan.
La promesa es una forma de dominación cuando no es libremente elegida
La promesa es un delirio. Una verdad previa a sí misma
La promesa es un juramento sobre el futuro que recae en nuestros hombros

La promesa se diferencia del delirio en un punto: es compartida. La promesa debe ser admitida por las partes; no se permite una promesa unilateral. Yo hago la promesa y tú debes aceptarla de forma que los dos quedemos ligados a esa expectativa.

Al final, la promesa no es una verdad. Nos habla de una negociación que establece los límites de la verdad en ese futuro. Crea un nuevo futuro

La falsa promesa antes que un engaño es un ejercicio de poder. Solo aquel que es superior puede faltar a su palabra sin repercusión. En política se ve a diario donde todo votante es consciente de que la mitad del programa es falso y aun así se sabe impune

La promesa contiene tres factores: una mente libre y capaz de prometer, una memoria de haber prometido y la capacidad de llevar a cabo la promesa. Estos tres factores se dan muy rara vez juntos, por lo que solo le es lícito al soberano, aquel que contiene los tres, el prometer.

Al final, el soberano es aquel con poder de castigar y sólo en él las promesas serán eficaces aun cuando incumplidas puesto que tiene el poder de elegir a los merecedores y de castigar a aquellos que no considera tales.

En medio de un mundo catastrófico, en medio de las puertas cerradas, la promesa se muestra como una apertura, un punto de inflexión

Nos crea una apertura que puede quedar vacía o ser llenada, cumplida o incumplida.
Las vidas actuales se viven sin rumbo y con total desconocimiento de quiénes somos y adónde vamos. Nos vemos arrastradas por corrientes de las que conseguimos salir por momentos a tomar el aire y volver a la marea.

En la sociedad donde más subculturas, más identidades parecen crearse es a su vez la sociedad con menos yo, la sociedad con menor autoconocimiento
La promesa puede ser una forma de dominación para evitar que la huida se lleve a cabo.

Si te prometen éxito tarde o temprano si trabajas mucho posiblemente no tengas espacio para creer en una revolución donde el éxito no sea medido como lo medimos.

Prometer es ponerse en frente. No es decir soy así, es decir, aquí me tienes para esto y estoy completamente por ello. Prometer es vincularse desde la libertad, responsabilizarse de forma libre.

Esto último parece problemático para parte de la sociedad actual. El compromiso se ha vuelto incongruente con ser libre, libre solo aquel que no tenga ataduras. Amigos con derecho, gente sin amigos cercanos, personas que no quieren hijos por la responsabilidad que conllevan son solo algunos ejemplos.




¿Por qué prometer?
Prometer es casi una rebelión contra la incertidumbre que tenemos ante todo. Una forma de revalorizar nuestra palabra que parece, de alguna forma, desprestigiada por la inexactitud del planteamiento futuro.

Eso de que somos incapaces de imaginar el fin del capitalismo, un futuro, es mentira. Capaces somos, pero nos da miedo siquiera hablar de ese posible futuro ya que sería prometer aún a sabiendas de que dicha promesa se sustenta en la incertidumbre del futuro que nos aviene.

La promesa nos hace movernos, a veces, en direcciones contrarias a la dominante. En otras ocasiones es una herramienta hegemónica de control social.

Las promesas dejan de ser unión para ser amenaza y símbolo de poder solo a grandes actores, sea Dios, sea el capital. Por ello debemos retomar el control de prometer para ser capaces de cocrear un destino juntos como sociedad. Retomar un poder actualmente ostentado por unos pocos agentes, a veces ni siquiera humanos, que nos dan un futuro escrito negando nuestro libre albedrío.

Somos hijos de las promesas que no hemos hecho. Somos lo que prometemos y lo que no nos atrevemos a prometer. Es decir, nos forman tanto nuestros actos como nuestros silencios. Lo que no prometemos aún sabiendo que debíamos prometer, lo que no prometemos aún queriendo hacerlo nos forma como humanos.

Prometer es crear inicios, así en plural. Podrá o no tener un fin, pero una promesa siempre tiene inicio. Prometer es comenzar un viaje juntos, comprometernos en este camino hasta el puerto que se llegue.


¿Quién promete?
Prometer es de privilegiados. Hemos sido desposeídos de la capacidad de la promesa.
Vivimos en un mundo de promesas incumplidas del capitalismo, Estado y Dios y, al mismo tiempo, parece que solo ellos son capaces de prometer algo a la sociedad. Esto se debe a que aparentan ser lo único medianamente estable, es decir, con futuro.

La promesa ha sido usada por Dios. Dios nos promete, a priori, de forma benevolente y acaba siendo un trato entre Dios, ser supremo, y humanos, sus hijos. Una relación de poder puesto que Dios es antetodo todopoderoso y el humano es simplemente eso.

Para ser merecedores de la promesa de Dios pasamos a ser actores que buscan ser prometidos de forma que actuemos siempre bajo su mano. Nos controla mediante la posibilidad de la promesa

Dios promete salvación
El estado protección
El capital crecimiento
Incluso habla de matrimonio y cómo nos prometemos fidelidad

Me encanta la conexión de los tres conceptos, me recuerda al origen de la propiedad privada, el estado y la familia de Engels, uno de los libros que mejor explica cómo todo nace del mismo concepto.

Con el estado aceptamos sumisión a cambio de protección. Pasamos de una alianza con Dios a un pacto con el Estado.

Quitarnos el poder de prometer debido a estar en una situación de subordinación nos quita la libertad. Prometer es ganar confianza y que te prometan es confiar, es la creación de las bases sociales más básicas. ¿Pero qué hacemos cuando no podemos ni prometer que ayudaremos a nuestro amigo ante un problema económico puesto que sabemos que no siempre tendremos la oportunidad de hacerlo? La palabra puede no significar nada puesto que su base es la nada.

Por ello lo unimos a ritos y nomenclaturas con un significado superior a nosotros mismos.
Usamos a Dios al jurar como forma de trascender nuestra propia existencia.

Como vemos en el caso de Adolfo Suárez con su «puedo prometer y prometo», muchas veces el soberano gana por hacer aún más creíble su fiabilidad en la promesa.

Incluso en la ficción observamos al Quijote que confía en la promesa de la fantasía caballeresca y por la cual, para hacerse merecedor, se transforma en un caballero de pies a cabeza. De esa promesa primigenia nacen todas las promesas que don Quijote hará al resto de personajes. Estos excesos delirantes no son irreales en cuanto a que para prometedores y prometidos esa palabra, esa promesa es real. Llevan al exceso la promesa llegando al delirio.

Nietzsche se plantea una duda que destruye la propia capacidad de la promesa: ¿dónde está escrito que el hombre ha de responder a sus palabras? Es decir, quién dictamina que una promesa está para cumplirla.

En el capitalismo nos encontramos con la promesa de la abundancia, de lo ilimitado. Todos podemos llegar a ser promesas, esa es la promesa.

Nuestro delito del capitalismo es creer que aunque hoy vaya mal, llegará un día donde nos vaya mejor puesto que con trabajo todo es posible. El delirio de la maximización. Nunca se tiene o se es suficiente, siempre se puede más.

El capitalismo es un sistema con muchos fanáticos y alta adhesión a pesar de ser un sistema que pide que todo cambie y no se generen vínculos. Podría explicarse en parte por la capacidad de castigo (pobreza, por ejemplo). Pero en realidad juegan con la promesa de libertad, eficacia y crecimiento. Valores abstractos, poco medibles. Juegan con la comparación con sistemas que pierden en algún factor ante ellos.

Así es cómo, a pesar del fin de la guerra fría, se han creado muchos sistemas haciéndolos ver diferentes al capitalismo cuando, en verdad, comparten o son lo mismo. Se inventa que el capitalismo es la solución ante los chinos, los comunistas (esos pocos que quedan) y los terroristas.

En un mundo limitado la promesa del capitalismo se fractura. Seguimos anhelando la promesa aun sabiendo que el mundo y la sociedad no dan más de sí. De este vacío nacen diferentes posibilidades de futuro una más emocional, la cognitiva y la tecnocientífica

La primera nace de la irresolución del capitalismo ante hacernos felices.

La cognitiva nos habla de la mejora continua del individuo. De ser mejores cognitivamente no de regularnos ni liberarnos. Aquí podemos observar el neostoicismo y las variantes de gym rats que, al final, buscan poder controlar lo único que sienten que pueden controlar en esta vida, su cuerpo. Es una reacción ante la incapacidad de controlar su alrededor.

El tercero nos habla de buscar soluciones científicas y tecnológicas a todo problema. Hoy en día la panacea parece ser la IA, confiamos en ella sin saber si va a ser el Dios que mató Nietzsche o el Leviatán. Igualmente decidimos tener fe en ella ya que, de alguna forma, nos parece el futuro en el presente, un futuro que parecíamos no ver. La Ia nos habla de probabilidades, de posibilidades de futuro.

Por lo tanto, calculamos nuestro futuro en base a los datos pasados y calculados por una IA. Sin ninguna clase de cuestionamiento nos crea futuros. No nos promete nada, pero, aun así, nosotros lo tomamos como una promesa en la que creer

Cabe preguntarse si la sociedad llegará al punto de cocrear el futuro mediante promesas igualitarias, es decir, un mundo donde todos seamos soberanos de la promesa.


Accidente
El accidente sería el antagónico a la promesa. Si la promesa nos une para un futuro, el accidente nos rompe con todo lo que teníamos planeado.

Actualmente vivimos en el tiempo del accidente. Casi como oximorón vivimos el tiempo que se rompe; el accidente es la ruptura del tiempo prescrito. Es decir, vivimos en el tiempo más cambiante, donde que los esquemas se rompan es cosa cotidiana.

El problema de dicho tiempo no es tanto el accidente en sí como fracturador sino como entretiempo. Un espacio entre aún no llegamos a aquello, pero ahora sí estamos ahí. Esperamos accidentes que al ocurrir nos sorprenden, esperamos la caída del dólar pero cuando ocurre los titulares se llenan de ello. Vivimos todo dos o más veces: previo al hecho, durante y tras ocurrir.

Esperamos que el accidente climático ocurra, sabemos de su posibilidad, mas no sabemos cuándo acaecerá. Pero en medios tiene otras nomenclaturas: colapso, crisis, catástrofe… Extraño que tales adjetivos se solapan entre el hoy y el mañana. Ya estando en crisis nos dicen que mañana irá a peor, viviendo en un sistema donde el colapso es inevitable nos dicen que colapsaremos y nos hablan de catástrofes como si no estuvieran en cada rincón.

En este momento vemos claramente que los tres entes soberanos nos han fallado: Dios no salva, el Estado no protege y el capitalismo ha encontrado sus límites.

En este momento el poder ya no va de prometer sino de predecir: qué podemos saber con seguridad y qué es incontrolable. Así es como se mueve ahora la sociedad. Predecir, como la promesa, se relaciona con el futuro, pero distan en cuanto a que la promesa viene de una voluntad y la predicción de un cálculo. La promesa es un compromiso y la predicción una forma de orden.

La IA, los cálculos predictivos solo nos hablan de una necesidad humana ancestral: controlar el futuro, negar la incertidumbre. Vamos camino a un nuevo determinismo. Mediante estos algoritmos que analizan el pasado y sacan nuestro futuro podría estar moldeándose el mismo futuro, capaz de que estos análisis nos arrojen hacia donde quieren mediante su guía.

Delegar nuestras decisiones en algoritmos, decisiones que marcan futuros, está convirtiéndose en común. Robo advisors gestionando carteras de inversiones, gente dejando en Chat GPT la capacidad de resolver hasta los problemas más simples de sus vidas, incluso gobiernos como el de Albania creando políticos IA. Esto calma nuestra ansiedad de tomar decisiones, parece que somos guiados por algo superior a nosotros (los datos analizados) y que, obviamente, va a ser mejor decisión que aquella que nosotros podíamos crear.


Traiciones
La traición es parte de la historia, de la vida. La traición no es más que el fallar a una promesa. Este acto causa mil y una reacciones y es el inicio y el fin de muchas cosas.

Traicionar es fallar a una promesa, no siempre explícita pero sí tácita. Muchas veces a sabiendas, otras como consecuencia de los propios cambios de la vida. Al final, podemos traicionar todo aquello a lo que nos vinculamos, incluidos nosotros mismos.

La traición es diaria, traicionamos en instantes que ni nos percatamos. A veces, debemos elegir si traicionar puesto que, puede ser, haya vínculos que sea hora de romper. Traicionar es romper un pasado común y una perspectiva de futuro, una promesa, pero no siempre debemos ver esto como algo negativo. Hay promesas que han de romperse o nos esclavizan.

Actualmente, nos sentimos traicionados por el mundo como sociedad. Sentimos que todas las promesas que se nos han hecho se han visto traicionadas por los soberanos, de forma que sentimos rabia y sed de venganza o completa desolación ante ello. De alguna manera las reacciones patológicas psicológicas como la ansiedad y la depresión se deben a esta traición. También las olas radicales que buscan alguna solución fácil que les devuelva un soberano capaz de hacer promesas.
Conclusiones
La importancia de la promesa en Leinn es clara. La compañía solo se puede crear como comunidad y para que haya tal necesitamos confianza. La promesa es una herramienta que nos da la oportunidad de generar este vínculo y, a su vez, crear un imaginario común de futuro.

Actualmente en Astrea no siento que prometamos ni mucho menos que nuestra palabra tenga la fuerza que se merece. Esto se ve reflejado en el hecho de que no tenemos una visión conjunta como equipo sobre el futuro, siento que somos gente separada haciendo tratos mercantiles para llegar al puerto que mejor negociemos.

Entiendo que prometer sea visto como exagerado y old-fashioned, pero los contratos que firmamos como equipo, los KPI que nos fijamos deberíamos empezar a verlos como promesas. Darle a nuestra palabra la importancia que merece puesto que la palabra de Astrea parece no valer nada.

Prometer es comprometerse y dar un paso al frente, cambiar el futuro desde el presente. Como agentes del cambio nos está dejando claro que atreverse a prometer con la incomodidad que implica nos puede ayudar a ser changemakers.

La posibilidad de la traición es realmente peliaguda, cuesta mucho confiar en que 15 personas nos seremos lo más fieles posibles durante este viaje, pero creo que si empezamos a prometernos podríamos llegar a ser capaces.

Este libro me interesa también por cómo valora el predecir contra el prometer. Muchas veces tratamos de predecir en negocios, prometer, creo que sería visto hasta improfesional. Siendo sincera, creo que el valor de la palabra es sumamente importante y es una pena que se esté perdiendo en el mundo profesional.

En cuanto al hecho de crear un mundo de promesas igualitarias, donde toda promesa sea posible y aceptable, Astrea debería ser un espacio seguro para ellas, sin caer en delirios. Creo que los compromisos individuales que nos proponemos son una especie de promesas que les hacemos a nuestros socios y debemos ser consecuentes hasta el final con ello.

No se cómo aplicar esto de forma práctica a mi rol como communication pero sí veo de forma teórica una herramienta para mejorar la confianza entre miembros


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